Una lluvia derramada desde el nirvana,
en un lago repleto de mandalas.
El sueño se vuelve azul
mientras la bruja danza alrededor de la luz.
Su capa púrpura levanta las alas,
abriendo el velo que del mundo invisible me separa.
Y me recuerdo como ella,
en esos bosques encantados que no tienen fín,
y ya no tengo miedo,
a la eterna magia de existir.
Es que su voz ancestral alguna vez me lo dijo
y solo me quedó hacerle caso de una vez...
para volver a sentir
es necesario dejar morir
lo que tiene que morir.
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