Sin nadie que me espere,
sin nadie que me necesite,
sin nadie a quien
cumplirle una promesa,
sin nadie nada,
abracé a mi soledad...
la hice canción.
miércoles, 31 de agosto de 2016
martes, 2 de agosto de 2016
Trescientos veintisiete días sin ella.
Otra vez los ojos de océano,
otra vez la piel fría.
Los sueños cansados,
los porqués acurrucados
en las calles de mis años
abatidos en la oscuridad.
Una melodía de piano
me susurra en el recuerdo
aquella canción
que nunca supe cantar sin llorar
y el ataud lleno de abrazos me despide
de todos los que nunca te pude dar.
Más las orquídeas de tu cielo
como imagen de ese último momento,
librándose en el viento
en un nido de misterios.
La tristeza siempre es pura,
es sincera en el espejo;
como la ausencia
de los corazones eternos
marchitándose en el firmamento.
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