martes, 22 de noviembre de 2016

Arañas

Hoy no hay nada
más que arañas
y alguien me espía,
alguien me esquiva,
alguien me sigue,
creo que me está llorando encima.
Porque no pude buscarte
y no me queda otra
que atarme las manos,
despertar,
hacerme roca.
Porque nunca espero
más que cuando callo,
más que cuando
pienso y quiero
más que cuando
me entornás la puerta,
me dejás tan tibia,
me escondés un no.

Por no liberarme con tus pájaros
cuando tuve mi momento
y romper la jaula
para acariciarte
mientras en tu casa,
quizá leías un cuento
y no pensabas en nadie...
o me imaginabas a mí
porque eramos algo posible.

Y ¿hoy ya no hay más nada?
dejame acurrucarme entonces,
transformarme en viejo piano;
olvidado y desafinado
en el fondo de tu cuarto
donde no habiten
los fantasmas
ni la aurora
y pueda verte...
caerme al río
naufragar, hacerme nido.
Que seas vos,
vestida de destino
arrastrándome hacia el fuego,
la que me salve de convertirme
en témpano de hielo.

Sin pensarlo,
donde sea que me encuentres,
vengas de la nada
y me beses con locura
hasta convertirme de nuevo
en hoja en blanco,
en improvisación,
en tímida ternura.

Entonces si sabés que te deseo
no me escribas en los puntos.
Abrazame de nuevo,
no me dejes en la luna,
adivinando las estrellas,
embriagada de penumbras.

Porque, sin quererlo,
camino en cuerdas flojas
cuando alrededor mío
todo se vuelve trágico designio,
todos son excesos repentinos
y me crecen colmenas de dudas
cuando nuestro futuro es perseguido
por las abejas del olvido.

Entonces, por favor
cortá la cuerda ahora,
lo suplico
tirame al precipicio
y que no sea yo la que te busca;
en el espacio insondable
de lo que fue cordura cotidiana,
no me dejes cruda,
no te dudes en la cama.
Dame el caos de los reflejos
vení, rompeme todos los espejos.

Pero no,
no me dejes muda
así, tan frágil, tan desnuda...

aunque no me leas,
aunque no me veas,
vení a abrazarme,
vení a hacerme poema.


viernes, 18 de noviembre de 2016

martes, 8 de noviembre de 2016

Álter ego

Intento recomponerme,
ordenar mis átomos,
conectar las palabras
para decir algo,
pero no puedo
por este sentimentalismo,
este romanticismo sofocante
de adorar estatuas perplejas,
que ya no me deja
mirar las cosas como antes
hacer de cuenta que
la pureza es irrefutable
cuando el hilo de lo impostergable
es tan débil...


Y ya no quiero
ser una esclava amante del teatro
dibujando un eterno presagio
de mis islas
hundiéndose.

Esta es la última vez que escribo sobre esto
porque que a nadie le interesa,
a mí ya no me interesa
que esté ahí...
si realmente nunca nos pudimos conocer.