ordenar mis átomos,
conectar las palabras
para decir algo,
pero no puedo
por este sentimentalismo,
este romanticismo sofocante
de adorar estatuas perplejas,
que ya no me deja
mirar las cosas como antes
hacer de cuenta que
la pureza es irrefutable
cuando el hilo de lo impostergable
es tan débil...
Y ya no quiero
ser una esclava amante del teatro
dibujando un eterno presagio
de mis islas
hundiéndose.
Esta es la última vez que escribo sobre esto
porque que a nadie le interesa,
a mí ya no me interesa
que esté ahí...
si realmente nunca nos pudimos conocer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario