sábado, 8 de abril de 2017

Síndrome de Peter Pan.

Melodía atemporal,
las calles vacías.
Camino a la deriva
y un silencio de gusanos
me envuelve en su manto...

así pasan los años.

Mi juventud:
tesoro delicado,
ahora es un rostro abrumado
por cucarachas de oficinas.
Los cuentos de mi infancia
están cubiertos de ansiedades reprimidas
como sábanas pulcras y límpidas
que me cubren
con sabor a papeles, 
a impresoras de fatiga.
¿Cuándo fue que me volví tan fría?
las paredes
inútiles y mudas
se me ríen en todas las esquinas.

Mi desnudez es abrupta,
parece una cadena enmohecida
tiesa en la fría niebla

como una niña confundida,
sometida 
al shock de la memoria.

Tal vez esté dormida,
tal vez esté muerta
o quizá estoy despierta

en la sequía 
de mis pálidos pétalos.

Sin sepulcro
ni tierra removida,
abatida en la llovizna, 
convertida en la enemiga;
observando como a mi pecho lo traspasan
cientos de rosas con espinas.

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