sábado, 14 de mayo de 2016

La palabra era la correcta
y yo recordé, recordé y me asusté.
Me perdí en el destello efímero de su ser,

y terminé sonando más pálida que ayer.
El recuerdo de su beso dictó mi condena.
Yo serví el vino en una copa, 

otra vez la eterna espera.
Bebí dos sorbos, y respiré hondo
al darme cuenta de que nunca creí 

volver a estremecerme de tal modo.
¡No! jamás sería suficiente,
haberme declarado una inocente,
jamás permitirme nadar a la par de la corriente.
Yo quise avisarle, tal vez gritarle,
hacerle saber del mareo que me producían 

esa sed, ese hambre,
esas ganas de devorar su carne,
esa ansiedad de gritar y enloquecer 

en charcos de éxtasis y sangre.
En el océano de su inconsciente, 

hacerme cómplice de su locura.
Morderme la lengua diciéndole palabras puras.

Incrustarle un rayo a la nube y hacerla gemir.
Rugir en el horizonte con la pasión

que despertó en mi su tan cercano existir.
No entender porqué produjo tal encanto en mí,
me hizo atragantar con la crueldad 
de no poder volverlo a admitir.
Cómo quisiera extirparme ese rasgo en mi cara

que me da tal capacidad para fingir.

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