
Intentando comprender,
las razones inconclusas del destino,
me vi buscando una respuesta a este absurdo,
habitando un profundo silencio abismal.
Anestesiada de tristeza,
y de nostalgia inmemorial,
en el recuerdo de ese abrazo
de esa tibia luminosidad,
con la suavidad de tus manos de porcelana fría
temblando, aquella noche de invierno,
en la oscuridad de un hospital.
Anclada, voluntariamente
ante el sereno partir de tus pestañas
intentando retratar entre poesías
a tu mística belleza de hada,
a tu tímida sonrisa delicada.
Es que las notas más hermosas
se hicieron para llorar,
y para sentir de nuevo a tu perfume de jazmín
inundándome de felicidad.
Porque mientras te hablo a través del viento,
añorando traspasar las barreras de la mortalidad
suplicando que todavía me puedas escuchar...
suplicando que todavía me puedas escuchar...
si mi canción alguna vez alcanza,
tu océano o tu estrella,
tu voz de lluvia y algodón
o tu luz de luna inmaculada...
que la muerte no me acuse jamás,
que no me pida que no haga más
ternuras con la espina.
ternuras con la espina.
Porque aquella que fui,
aquella a quien supiste despertar
va a seguir cantándole a tus ojos
hasta que en alguna nueva vida
nos volvamos a encontrar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario