lunes, 4 de abril de 2011

Corona de guerra

Acariciando los muros cansados
De mi respaldo y mi condena
Una moraleja para los crueles pensamientos
Que escribí una vez en mis cadenas
Ahora miro al vacío y temo por la ocasión
En la que mis ojos se oxiden negando esta sensación
Temo por nuestro aire y por el rito de nuestra libertad
¿En quién vas a convertirme cuando aspire la lujuria de mi soledad?
El romance se marea con los matices de tu perfume
Un hormigueo en mi ombligo basta para atravesar el tunel
El tacto y las vibraciones sincronizan nuestras esencias
Y yo ruego una vez mas no convertirme en tu ángel de piedra
A veces tengo la necesidad inconstante de desatar una tormenta
Para olvidar porque siempre termino subestimando las cosas imperfectas.

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