miércoles, 25 de noviembre de 2009

WINE

Derrama el vino de tus antepasados 
Seduce a la tormenta con los ojos del rayo 
Pierde a tu sombra en el escalofrío de la tibia niebla 
Entre los estirados árboles de un perfume oxidado. 
La piedra no está maldita 
Proviene de la noche reencarnada 
Donde alimento a mis visiones 
Con la pasión de los lobos que aullan con el viento 
En la montaña donde sueño y despierto 
Ardiendo adentro de un circulo de fuego 
Del interior me llueve su memoria 
De inciensos y miradas poseídas 
Más fuerte es el retumbe de los truenos 
Que emergen desde los rincones de la vigilia 
Mi devoción, entonces, crece sin heridas 
En la perfección del rostro de mi desierto 
Me acurruco en la fidelidad de mi silencio 
Me congela las manos el crujir 
De los colmillos masticando ciervos 
Porque la noche viuda es una estaca despiadada 
Que ineluctablemente siempre se clava 
En el corazón de todos mis recuerdos.

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