La niña que escribía canciones no se murió
Se escapó a un reino de fantasía
Donde no siente culpa ni dolor
Donde los ojos ajenos no la encandilan.
Una hoja en blanco y un vino que endulza a mis labios
Absorven de mi rostro a la esclavitud de aquel recuerdo oxidado
La mejor melodía creada en un viaje astral
Ha vuelto a latir en su mirada lunar
Supe convertirme en ella, dentro de mi escondite
Donde las dos caras de mi alma descifraron la clave para saber jugar.
Antes su introversión era más frecuente
Pero ahora sé cuando salir y cuando quedarme a soñar.
Gracias a eso, el día pactado
Todos los que me adoran en el tercer reino
Serán consagrados con el secreto de mi adios
Al final terminaré de rodillas en la lluvia
Con la obra completa y su belleza intacta en mis manos
Cuando el temblor de todas mis dudas me rompa el corazón
Entonces ella vendrá con su rayo, su lazo de amor
Vendrá a cubrirme con su manto azul, la noche del final del sol.
Un beso de fé, el sacrificio
La espada encontrada en el sendero solitario
La luz me escogió, como los ha escogido a ellos
La búsqueda de la belleza continuará
El concierto perfecto, mi luz oscuridad.
Viviré lo suficiente para beber la inmensidad de mi ideal.
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