sábado, 25 de junio de 2016

Equilibrista de ilusiones.

Lejos quedó ese imán de los instantes,
esa charla a la mañana
entre bostezos y el café batido
a medio tomar.
Las medias desaparecidas 
en algún hueco infinito de la cama,
hoy me demuestran
como todo de repente
puede convertirse
en una aguja de preguntas,
tejiendo universos paralelos
de pensamientos impacientes
que saben convencerme
de que nunca me dio la sangre
para animarme a saltar.
¿Dónde quedó entonces
esa película repetida, 
la tarta de verdura que cocinamos,
los besos arrebatados
entre los pasillos del supermercado,
esa lluvia de miércoles nublado
que acurrucó en el sillón a los gatos
o el saquito de lana
que esa noche fría te presté?
¿Porqué creo que sospechás
sobre esto que ocurre,
como yo te medito a la distancia, 
a los misterios de tus ojos negros
construyendo
un imperio teatral en mi cerebro
con imágenes amantes de tu locura
y esa belleza insaciable
de artista prematura;
a pocas casas de mi casa
o en la parada del colectivo,
con tu bufanda que hasta quizá
todavía tenga pelos de mi gata,
agarrada a tu cuello
como una garrapata,
mientras yo boceteo
letra y música
sobre estos sueños
que en mis ojos siempre me delatan
que hoy son los mismos
que se destiñen lentamente
que no me dejan saberte
así como sé de mí?
¿Porqué para mí tu espejo
no es igual a otros espejos?
en mis latidos...
¿porqué yo no me olvido
de esa mueca, de esa palabra de cuatro letras
que una vez casi pronunciaste sin querer?
Y lo entiendo.
Lo creo necesario
hacer de nuestra 'nohistoria'
un símbolo de libertad.
Por eso desaparezco,
solo para mi misma,
con toda mi esencia,
con la voz de mi ausencia.
Para recordarme,
convertirme otra vez
en susurro de viento,
en misterio un poco más resuelto
de todo lo que algún día
quise llegar a ser.

No hay comentarios: