Quema el tiempo
en la mueca de mis labios.
Distante luz,
desvanecida entre mis brazos.
Tierra y humo,
máscaras y
fuegos fatuos...
por las nubes
que me rodean
ahora son malos presagios.
Puedo convertirme en agua muerta,
en cruel amanecer helado
o ser un volcán de espantos
derramándose de hartazgo.
Porque se me terminaron las preguntas,
porque me solté hurgando en mis abismos.
De silencios está tejido
el adiós a mis espejismos.
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