sábado, 20 de febrero de 2016

Biutiful filoSofía freak.

Sus calzas rayadas
y un reloj desubicado
marcando las cinco de la mañana.
Mientras sus manos artísticas
y sus ojos de gata
terminaban de moldear,
con un particular ceño fruncido,
nuestro cadáver exquisito...
yo estaba perpleja.
Sintiendo mil hormigas nerviosas
caminar por mis venas,
con esa extraña sequedad en los labios
que una siente cuando está parada en el escenario
sin saber el guión de la escena.
Como si estuviera en la terraza
de un quinceavo piso,
en plena cornisa de un edificio,
frente a la gran omnipotencia divina
acusándome
con todos los rayos, truenos y caballos
de los cuatro vientos.

- Bajo las vísperas y la euforia
de una inminente tormenta -

Pasaban los segundos y mis pensamientos
inútilmente intentaban ser coherentes.
Aleteaban como pobres tortugas de mar
varadas, sin consuelo sobre la tierra,
replanteándose toda esta muda existencia,
de idas, venidas y corazones rotos.
Pero ella en su tranquilidad y dulzura,
emanaba otro tipo de mensaje.
Se notaba que no tenía mucha idea
sobre romanticidios y crudas frustraciones.
Aun así, la atracción sincera en sus vibraciones
lo dejaban todo muy claro para mí.
Fue la visión sublime de sus labios carmesí
jugando sutilmente con el chupetín,
más su mirada etérea, de repente, 
clavada sobre mí;
(inspeccionándome, provocándome)
lo que me hizo darme cuenta 
de que era el momento de huir.

Quise distraerme, pedí amablemente
que cambiara la música
y puso de fondo
la intro de The XX.
En ese momento fue
cuando realmente empezó
la convulsión en mi interior.
Sentí ganas de bailar,
de beber el elixir de mi resurrección,
de clavarle los colmillos a mi lujuria
por no saber decir adiós.

 Pero sabía que no,
que tenía que alejarme
de ese preciado aroma a cerezas,
de ese aroma a paraísos de manzanas y doncellas bellas,
combinando todo con su color de uñas
y con el vino tinto dando vueltas en mi cabeza.

Se me hizo inevitable no recordar
 esos nosequé de temblores 
a punto de partir las paredes.
Esas repetidas contradicciones
que venían desde otro lado,
esos teespío pero no te lo digo,
ni te quiero ver.
Me acordaba de esas desalmadas tibiezas,
de aquellos otros besos mágicos
que me despojaron de grandes proezas,
y de esos mensajes que se tardan
tanto tiempo en responder,
porque no quieren ser leídos,
no quieren ilusionarse de nuevo 
con un romántico amanecer.

Me preguntaba si quizás,
era yo la que tenía una deuda
con el diablo y con el enemigo
que siempre me dejaban parada
frente a ese tipo de situaciones,
balbuceando como una idiota
entre tantos calambres de abismos.
Donde la duda y la vulnerabilidad
siempre me terminan poniendo 
la ahorca en el cuello,
y todos los enamorados
y los finales felices de las películas de Disney
se ríen a carcajadas a mi alrededor.
-
-
-
Le dije que era tarde y que me tenía que ir.
De alguna forma tenía que parar
y controlar ese estado de shock. 
Pero la sonrisa y el abrazo de despedida
fueron tan puros y desbordados de tan amorosa intención,
que hasta mi sombra tembló de desesperación.

Ahora maldigo
esa estúpida conclusión de mi imaginación
de siempre tener miedo 
a terminar siendo una Romea sin una Julieta,
cantando tristes canciones de amor.

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