Quise terminar
Decir basta, inundar mi habitación de sangre
Aprender de una vez por todas a decir que no
Ella se reía saltando y gritando a mi alrededor
La palabra que hacía rato debí haber convertido en acción
Ella se acercó a mi boca, me dijo lo que debía hacer
Mientras el fuego de las velas vibraba
Me dió un beso y desapareció
Me dejó el espíritu analítico e inquieto
Y durante tres días seguidos no pude dormir..
Al cuarto la invoqué de nuevo
La introduje en su cuerpo sin pedir permiso
Y en el espejo del cuarto
Con su rostro felino de nuevo me encontré
Me acerqué lentamente mirándola fijo
Me lanzó una mirada maléfica y sonrió
Saqué la daga escondida, aún sonriendo ella se arrodilló
La tomé del cuello, le susurré al oído mi secreto de amor
Me mordió la mejilla, luego lanzó una carcajada
Y le insarté con un dulce gemido de orgasmo
El puñal en su corazón..
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