La noche es larga y el reloj recien marca las 3. Yo podría contarles todas mis historias ausentes, pero sé que la daga está a un centimentro de penetrar mi carne.
Desapareció el valor de la verdad del alma y ahora solo escucho voces de fantasmas, que no están dispuestos a mirarme fijamente a los ojos... y que solo se animan a susurrarme por lo bajo, desde las cenizas que caen de mis hombros.
Aca estoy, saboreando el agridulce de los sueños desesperados,
mientras miles de preguntas se dibujan en mis manos, armando figuras de silencios gritando... sometiendome al castigo de un dios interior que existe en vano.
Una sola verdad y otras que no puedo comentar por respetar pactos de fuerza... pero acercate a mi y no temas, bebe de la sangre que cae de mi cien, quizas solo este acá para calmarte un poco la sed.
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